Si bien algunas relaciones surgen de una comprensión sincera de la experiencia vital de la otra persona, otras nacen por conveniencia. Parece que la relación entre Ana Peleteiro y Benjamin Compaoré pertenece a este último grupo. No solo ambos son atletas, sino que también saben lo que significa renunciar a una tarde de sábado, a un cumpleaños o a unas vacaciones para mantenerse en la cima de sus respectivas disciplinas. Es algo que solo se puede compartir, no explicar.
Compaoré nació en 1987 en Bar-le-Duc, una localidad del noreste de Francia. Al crecer rodeado por el mundo del atletismo, descubrió su vocación en el triple salto, un deporte que exige coordinación, potencia explosiva y cálculos realizados en fracciones de segundo. Fue desarrollando estas habilidades con el tiempo y, en 2014, conquistó el título europeo en Zúrich con un salto de 17,46 metros, una marca que sigue asombrando a quienes conocen bien este deporte.
Dos años más tarde, se alzó con la medalla de bronce en el Campeonato Mundial en Pista Cubierta de 2016. Participó en tres Juegos Olímpicos —Tokio, Río y Londres—, aunque su desempeño en ellos fue menos destacado. A veces, así funciona el deporte: aunque seas un gigante en Europa, el escenario olímpico puede deparar un trato distinto. Son cosas que suceden; no es algo intrínsecamente injusto.
Al analizar su trayectoria, resulta evidente que Compaoré nunca escatimó esfuerzos. Parece aplicar esa misma constancia a su vida fuera de la pista. Ya se conocían desde hacía tiempo gracias al circuito de atletismo. Compartían el estrecho mundo del atletismo de élite europeo, practicaban la misma disciplina y frecuentaban los mismos estadios. Sin embargo, no comenzaron su relación sentimental hasta finales de 2021.
El 23 de septiembre de 2023, contrajeron matrimonio ante unos 200 invitados en el Pazo Miradores de Salcedo, en Pontevedra. Les sirvieron la mejor gastronomía gallega —incluyendo pulpo, marisco y empanadas—, todo ello acompañado por los gritos de alegría de quienes celebraban de verdad. Ese día estaba presente Lúa, la hija de ambos nacida en diciembre de 2022. Probablemente, aquel momento significó mucho más para ellos que subir al podio.

Su segundo hijo en común, León, nació en julio de 2026. Ana se refirió a él como su “bebé arcoíris”, un término que describe a los niños nacidos tras un aborto espontáneo. Esa afirmación resume la esencia de lo que esta familia ha vivido frente a las exigencias de los entrenamientos y la competición. Además, Compaoré tiene tres hijas de una relación anterior. A pesar de ser una familia numerosa y compleja de gestionar, logran que todo funcione.
El cambio más comentado se produjo a finales de 2024, cuando Compaoré se convirtió en el entrenador personal de Peleteiro. Ella se trasladó a Ribeira (La Coruña) y rompió su relación profesional con Iván Pedroso, su entrenador de toda la vida. Entrenar a la propia pareja es una situación que no siempre funciona ni es adecuada para todos; puede resultar difícil distinguir entre las instrucciones deportivas y las conversaciones de pareja. Sin embargo, hay algo en ellos que sugiere que están dispuestos a encontrar ese límite juntos o, al menos, que saben dónde se encuentra.
Pocos entrenadores pueden presumir de un conocimiento tan profundo del triple salto como Compaoré. Él sabe perfectamente qué siente el cuerpo durante el impulso y qué ocurre cuando falta distancia. Peleteiro —una de las atletas más polifacéticas del atletismo español y medallista de bronce en Tokio 2020— cuenta ahora con esta ventaja tanto en casa como a pie de pista. Es una combinación que resulta, en cierto modo, fascinante.
Además, hay algo que ya está claro: Benjamin Compaoré desempeña un papel fundamental en esta historia. Ha decidido volcar su experiencia en la carrera de alguien en quien cree firmemente, ha forjado su propio camino y ha sacado adelante una familia numerosa y compleja. Algo que merece reconocimiento en cualquier ámbito.
