Mientras que algunas carreras profesionales requieren recorrer media España, otras pueden resumirse en una sola línea de un currículum. La carrera de Manuel Llamas Fernández pertenece a este último grupo. Nació en 1959 en La Viñuela, un pueblo de la Axarquía malagueña conocido por sus calles empinadas y el aroma de los almendros. Llegó a ocupar el cargo de mando de uniforme más alto de la Guardia Civil. Entre ambos hitos se extienden más de cuarenta años de arduo trabajo, destinos difíciles y, en las últimas semanas, un asunto judicial que ha complicado la última etapa de su carrera.
| Dato | Información |
|---|---|
| Nombre completo | Manuel Llamas Fernández |
| Lugar y año de nacimiento | La Viñuela (Málaga), 1959 |
| Cargo actual | Director adjunto operativo (DAO) de la Guardia Civil, desde el 12 de diciembre de 2023 |
| Rango | Teniente general (ascendido en 2021) |
| Predecesor en el cargo | Pablo Salas Moreno |
| Formación | Licenciado en Derecho; doctor en Ciencias Políticas (UNED); posgrado en Criminología y Dirección de la Seguridad Global |
| Ingreso en la Guardia Civil | 1981 (teniente en 1983) |
| Destinos y unidades | GAR, Servicio de Seguridad de la Casa del Rey, Información en Navarra, UCO, Jefatura de Policía Judicial, Gabinete Técnico, Mando de Personal |
| Comandancias | Santa Cruz de Tenerife, Melilla, Granada; jefe de la zona de Castilla-La Mancha |
| Misiones internacionales | OTAN en Sarajevo (SFOR); proyecto de cooperación de la UE en Guatemala |
| Distinciones | Gran Cruz del Mérito Naval (2025), Gran Cruz del Mérito Aeronáutico (2021), Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil (2019), Gran Cruz de San Hermenegildo (2017), Cruz de Plata del Mérito de la Guardia Civil (2014) |
| Situación judicial | Imputado por el juez Santiago Pedraz (Audiencia Nacional) en el caso Leire Díez; presunción de inocencia |
| Nota sobre homónimos | Existen otras personas con el mismo nombre (un investigador en Física y un abogado, entre otros) que no deben confundirse con el general |
En 1981 se alistó y, dos años más tarde, fue ascendido a teniente. Merece la pena reflexionar sobre lo que vino después. Durante los años en que la lucha contra ETA se medía en funerales y noches de insomnio, prestó servicio en la unidad de inteligencia de Navarra, en el Grupo de Acción Rápida y en el servicio de seguridad de la Casa Real. Además, formó parte de la Unidad Central de Operaciones, la misma unidad que aparece estos días en prácticamente todos los titulares relacionados con la corrupción. Más tarde, participó en misiones en el extranjero, entre ellas en Sarajevo con la OTAN y un proyecto europeo en Guatemala, además de ocupar mandos en Santa Cruz de Tenerife, Melilla y Granada.
Su formación académica es especialmente destacable. Con una licenciatura en Derecho, un doctorado en Ciencias Políticas por la UNED y un posgrado en Criminología, Llamas no encaja del todo en el estereotipo del típico general de cuartel experto en el terreno. En 2017 escribió un ensayo sobrio y perspicaz sobre el papel de la seguridad privada en la lucha contra el yihadismo, demostrando que ha leído tanto como ha patrullado. Un oficial de este calibre ascendería naturalmente al rango más alto del cuerpo, el de teniente general. Alcanzó este cargo en 2021, y el Ministerio del Interior lo nombró subdirector de Operaciones en diciembre de 2023, dos años después. La Gran Cruz al Mérito de la Guardia Civil, así como las Grandes Cruces al Mérito Aeronáutico, al Mérito Naval y de la Orden de San Hermenegildo, dan fe de ello. Estas distinciones son el resultado de una dilatada carrera que parece haber transcurrido sin contratiempos. Quizá esa sea la razón del marcado contraste con lo que vino después.
El episodio más polémico fue prácticamente insignificante. Según múltiples informes de los medios de comunicación, un mensaje que él destinaba a un comandante de la UCO (la Unidad Operativa Central de la Guardia Civil) acabó accidentalmente en un grupo de WhatsApp en 2024. En él solicitaba ver una noticia sobre unos discos duros relacionados con el «caso Koldo». Aunque el mensaje por sí solo no prueba nada, dejó abierta la cuestión de hasta qué punto los mandos del cuerpo se basaban en fuentes no oficiales para obtener información mientras investigaban su propio ámbito político.
A continuación vino el caso de Leire Díez. Este verano, el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz le abrió oficialmente una investigación por prevaricación y obstrucción a la justicia. Hay que leer con atención, ya que las fechas varían según la fuente y algunos medios mencionan delitos adicionales. Puede parecer evidente que ser objeto de una investigación no equivale a ser culpable, pero en el alboroto de las redes sociales, esta distinción se pasa por alto con facilidad.
El 3 de octubre, durante la Semana Institucional de la Guardia Civil, fue visto en Cádiz, en la sede de la Diputación Provincial, dando la bienvenida al presidente de la Diputación. Hubo las habituales sonrisas corteses y una agenda normal. Es difícil ignorar esa sensación de normalidad.

No está claro cómo afectarán estos procedimientos a la independencia de la UCO o a la confianza interna en el cuerpo. Es posible que el asunto se resuelva antes de lo previsto. Sin embargo, quizá no sea así. En estos momentos, lo más sensato es esperar a la decisión de los jueces en lugar de prestar atención a los gritos de los comentaristas, independientemente de su postura.



