Es sorprendente la forma en que Gabriel Rufián ha acaparado los titulares durante semanas sin hacer ninguna declaración definitiva. Nacido en Santa Coloma de Gramenet hace 44 años, el portavoz de Esquerra Republicana (ERC) en el Congreso se ha labrado un nombre en la política gracias a su lenguaje directo, sus gestos deliberados y una presencia imponente en la tribuna que rara vez pasa desapercibida. Sin embargo, cuando se le ha planteado la pregunta más directa de las últimas semanas —«¿Te presentarás como candidato el 29 de noviembre?»—, Rufián responde que está «reflexionando».
Tabla de información
| Campo | Detalle |
|---|---|
| Nombre completo | Gabriel Rufián Romero |
| Fecha de nacimiento | 8 de febrero de 1982 |
| Lugar de nacimiento | Santa Coloma de Gramenet, España |
| Edad | 44 años |
| Partido político | Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) |
| Cargo actual | Portavoz del Grupo Republicano en el Congreso de los Diputados |
| Formación académica | Universidad Pompeu Fabra (2004) |
| Primera candidatura electoral | Elecciones generales de 2015 |
| Presidente de ERC | Oriol Junqueras |
| Secretaria General de ERC | Elisenda Alamany |
| Próximas elecciones | 29 de noviembre de 2026 |
| Situación actual | En negociación para repetir como cabeza de lista |
| Principal demanda | Autonomía en listas, equipo parlamentario y estrategia en Madrid |
| Hijo | Biel Rufián Varela |
| Seguidores en Instagram | Más de 883.000 |
| Seguidores en Facebook | Más de 661.000 |
Viniendo de él, cuesta creerlo. Rufián rara vez deja que otros marquen el ritmo, y no porque sea un político que se mueva entre certezas tajantes. Sin embargo, las negociaciones con la dirección de su propio partido le han puesto esta vez en una situación difícil: Elisenda Alamany se refiere a él como el «mayor activo» del partido, Oriol Junqueras da por sentada su candidatura y el ERC le quiere, pero él aún no ha dado el paso. Lo que pide a cambio ofrece una explicación.
Rufián no negocia por negociar, según su círculo más cercano. Exige requisitos concretos, como mayor autonomía para determinar la estrategia del ERC en Madrid, la facultad de seleccionar a su propio equipo parlamentario y más influencia sobre las listas de candidatos. No se trata de caprichos sin importancia. En el fondo, es un desacuerdo sobre quién tiene la última palabra cuando la sede del partido y el Congreso tienen intereses contrapuestos. Y la dirección pisa el freno precisamente en ese momento.
El reglamento interno de ERC otorga a las bases y a las secciones territoriales un papel importante en el proceso de selección de candidatos. La dirección solo puede proponer un máximo del 25 % de los nombres. Esto dificulta satisfacer las exigencias de Rufián, al menos no en los términos que él ha sugerido. No es que la dirección no esté dispuesta a hacer concesiones; más bien, ambas partes son conscientes de lo poco margen de maniobra que hay.
La creciente brecha estratégica entre Rufián y la dirección del ERC complica aún más el panorama. Para evitar la fragmentación electoral frente al PP y Vox, lleva meses abogando por una coalición de fuerzas de izquierda. Sin embargo, el partido se ha mostrado más cauteloso y no se plantea incorporar su propia identidad a una candidatura conjunta. Este desacuerdo fundamental es real y no meramente estético. Además, Rufián se ha pronunciado al respecto en público con una franqueza que no siempre ha sido bien recibida dentro del partido.
Mientras tanto, las divisiones internas del ERC se están manifestando de diversas formas. Dos diputados que mantuvieron una relación tensa con Rufián durante la legislatura, Jordi Salvador y Pilar Vallugera, han declarado que no se presentarán de nuevo a las elecciones. Vallugera agradeció a varios compañeros de trabajo, pero omitió mencionar a Rufián, lo que hizo que su despedida resultara especialmente reveladora. En política, el silencio dice más que las palabras.
Por otra parte, está el exdiputado y activista Joan Puig, que se ha presentado a unas primarias «estrictamente simbólicas» contra Rufián. «Ya no nos representa», afirmó. Aunque Puig admite que tiene pocas posibilidades de ganar, esta acción pone nombre al descontento y convierte el malestar interno en una preocupación pública. Se trata de una cuestión significativa en la cultura interna del ERC.
Es posible que Rufián se presente una vez más. Es probable que las figuras internas compartan la convicción de Junqueras de que es casi inevitable. Sin embargo, este episodio revela algo más que simples negociaciones sobre las listas electorales. El equilibrio interno que el partido debe mantener y la imagen que el ERC proyecta al mundo exterior están en conflicto. La dirección maneja con cautela a Rufián, que es a la vez su activo más visible y una fuente de malestar organizativo.

No queda mucho tiempo. Hay que conseguir los avales necesarios lo antes posible, ya que las elecciones están previstas para el 29 de noviembre. Rufián tendrá que decidir qué hacer. Cuando lo haga, quedará claro si estas semanas de «reflexión» han sido una continuación de una negociación o algo más profundo.
