Algunas de las personas que asociamos con una época concreta acaban cayendo en el olvido. Para muchos, Arancha de Benito es una de ellas. Los programas musicales de TVE de los años 90, esa energía juvenil y aparentemente espontánea que proyectaba en pantalla… Sin embargo, actualizar esa imagen revela algo mucho más intrigante que la simple nostalgia.
Aránzazu de Benito Hernández nació en Madrid el 6 de noviembre de 1969; actualmente tiene cincuenta y seis años. Hija del periodista Rafael de Benito, trabajó como modelo de forma intermitente antes de debutar en televisión casi por casualidad. En 1991, Televisión Española la seleccionó para copresentar Ponte las pilas, un programa musical dirigido al público adolescente. Allí compartió plató con un jovencísimo Dani Martín, quien más tarde lideraría el grupo El Canto del Loco. Arancha encajaba a la perfección en el nuevo panorama televisivo y en la realidad del país de aquel entonces.
Lo que siguió fue una trayectoria que no siempre siguió una línea recta y que marcó su propio ritmo. Junto a Tony Aguilar, presentó espacios como Los Primeros de la Primera (1993) y Zona Franca (1995). Aunque sus apariciones en televisión disminuyeron al cabo de dos años, su nombre siguió apareciendo en las revistas debido a su relación con Guti, uno de los jugadores más conocidos del Real Madrid en aquella época. Se casaron en junio de 1999, tuvieron dos hijos —Zayra y Aitor— y permanecieron unidos durante casi una década, hasta que su divorcio se formalizó en 2009.

Es difícil pasar por alto cómo se forjó la percepción que mucha gente tenía de Arancha durante aquel periodo. Durante un tiempo, dejó de ser «la presentadora de TVE» para convertirse en «la mujer de Guti». No logró escapar del todo de esta etiqueta, algo habitual para las mujeres en los medios de comunicación españoles. Le llevó años librarse de esa etiqueta, a pesar de que siguió trabajando y comenzó a aparecer en el programa “Espejo Público” junto a Susanna Griso en 2011.
A sus cincuenta y seis años, Arancha de Benito atraviesa una etapa vital que ella misma describe con gran elocuencia. Desde hace casi siete años mantiene una relación con una pareja con quien, según cuenta, vivió algo parecido a un flechazo. Es abuela de Hugo —hijo de su hija Zayra— y habla de esta experiencia con una sinceridad difícil de fingir: asegura estar totalmente cautivada por el niño y confiesa que nunca imaginó que fuera posible amar de esa manera a alguien que no fuera su propio hijo. Sus palabras reflejan una vivencia auténtica, lejos de los clichés.
También vivió un susto que pudo haber sido mucho peor en el verano de 2025. Fue víctima de un engaño al pagar 6.000 euros —a través de la hija de un conocido que resultó no ser de fiar— por 15 entradas para un concierto de Coldplay en Londres. Habló públicamente del asunto, presentó la denuncia correspondiente y llegó a una conclusión clara: siempre hay que recurrir a las vías legales. Nada de amigos, contactos o primos de por medio. Lo contó de una manera refrescante, sin caer en el dramatismo excesivo pero sin restar importancia a lo sucedido. Afirmó que duele sentirse engañada, sobre todo cuando hay algo más que dinero en juego; estaban en juego sueños y tiempo.
Al conocer la historia completa de Arancha de Benito, más allá de los titulares aislados, persiste una sensación: la de estar ante una mujer que, a sus 56 años, parece vivir la etapa más tranquila y, posiblemente, la más auténtica de su vida, tras haberla construido a través de diversas fases, ninguna de ellas perfecta. En una entrevista reciente, comentó que el otoño se afronta con la energía acumulada durante el verano; en su caso, esa energía parece estar cargada con gran intensidad.
