Felipe VI cumplió 58 años el 30 de enero de 2026. Recibió a la presidenta eslovena, Nataša Pirc Musar, en el Palacio de la Zarzuela para lo que podría calificarse de celebración. «No me pesan, no me pesan» fue su respuesta, concisa y algo desarmante, cuando los periodistas apostados en el exterior le preguntaron cómo se sentía al cumplir un año más. Sonrió. Siguió adelante con sus planes. Ese gesto dice mucho sobre el tipo de rey que ha decidido ser.
El 30 de enero de 1968 nació Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia en la clínica Nuestra Señora de Loreto de Madrid. Era el único hijo varón y el tercer vástago de Juan Carlos y Sofía. Eso le convirtió automáticamente en heredero de una corona que aún no se había instaurado formalmente en la España de Franco. El propio dictador asistió a su bautizo, celebrado en el Palacio de la Zarzuela. Visto el rey en el que aquel niño se convertiría, este detalle parece casi anacrónico.
Para alguien en su posición, su nivel de formación fue excepcionalmente alto. Pasó por las tres academias militares españolas, cursó sus estudios preuniversitarios en Canadá y asistió al colegio Santa María de los Rosales de Madrid; además, obtuvo un máster en Relaciones Internacionales por la Universidad de Georgetown (Washington) y la licenciatura en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid.
Fue el primer rey de España en completar estudios universitarios, según los registros históricos. Habla cuatro idiomas con fluidez. Es piloto de aviones de combate y de helicópteros. Al examinar su trayectoria, da la impresión de que alguien le preparó para algo que sabían que iba a ocurrir, aunque no tuvieran certeza de cuándo.
El 19 de junio de 2014 accedió al trono tras la abdicación de Juan Carlos I, producida en circunstancias que nadie habría podido prever años atrás. Los escándalos, la pérdida de confianza pública y una reputación deteriorada que no había mejorado con el tiempo ya habían debilitado la institución. Felipe VI heredó todo ello.
Varios expertos en comunicación institucional han descrito lo que hizo a continuación como una reconstrucción silenciosa y constante. Se distanció de actuaciones anteriores, redujo el número de miembros de la familia real que ocupaban cargos públicos y adoptó la transparencia como una herramienta, no como una mera pose.
Resultaría difícil hablar de ese cambio sin mencionar a la reina Letizia, quien ha desempeñado un papel fundamental. Su experiencia como periodista, su estilo directo y su compromiso con determinadas causas sociales han aportado una nueva perspectiva a la Corona. Letizia está donde quiere estar, no donde se supone que debe estar, según un especialista consultado por medios españoles. Tratándose de una institución que depende de su credibilidad cotidiana, esa diferencia, aparentemente insignificante, resulta crucial.

Felipe VI, a sus 58 años, encabeza una monarquía distinta a la que heredó. La crisis catalana de 2017, la pandemia, diversas formas de agitación política y la sombra persistente de las polémicas de su padre —temas que siguen siendo tabú en ciertos círculos— han marcado los doce años transcurridos desde su proclamación. Esa sombra no ha desaparecido por completo; sin embargo, los análisis disponibles indican que la opinión pública sobre la institución ha mejorado notablemente desde 2014.
La coherencia en la imagen pública de este rey puede resultar más reveladora que cualquier discurso concreto. A lo largo de una década, Felipe VI ha cultivado una imagen que incluye detalles como cumplir cincuenta y ocho años mientras sigue en activo, responder con humor a una pregunta sobre su edad y retomar la reunión sin más preámbulos. Como alguien dijo una vez: «sin afán de protagonismo», sino con sentido de la responsabilidad. El hecho de que esto refleje mejor a la España actual que la ostentación de épocas pasadas dice mucho tanto del rey como de la nación que lidera.
