Algunas historias de amor parecen sacadas de una novela francesa de los años setenta. A pesar de esa apariencia, la historia de Emmanuel y Brigitte Macron no es ficción. Él tiene cuarenta y ocho años; ella, setenta y tres. Desde que el mundo los conoció en 2017, la pareja ha estado envuelta en una polémica casi constante debido a su diferencia de edad de veinticuatro años.
Todo comenzó a principios de los años noventa en Amiens, al norte de Francia. Por aquel entonces, Brigitte Trogneux enseñaba literatura y francés en el liceo jesuita La Providence, donde también dirigía el taller de teatro. Tenía tres hijos, estaba casada con un banquero y rondaba los cuarenta años. Uno de sus alumnos, Emmanuel Macron, tenía quince años. Colaboraron en la adaptación de una obra de teatro, se reunían los viernes para trabajar en ella y algo inesperado empezó a surgir entre ambos.
Preocupados por lo que presenciaban, los padres de Emmanuel decidieron enviarlo al prestigioso instituto Henri-IV de París para que terminara sus estudios secundarios. Sin embargo, la distancia no sirvió de mucho. Antes de marcharse a los diecisiete años, él le prometió que volvería para casarse con ella; una promesa que, viniendo de un adolescente, sonaba a exageración romántica. Según su propio relato, Brigitte pensó que la vida y el paso del tiempo harían que él se olvidara. No fue así.
Brigitte había firmado los papeles del divorcio un año antes de su boda, celebrada en octubre de 2007 en el ayuntamiento de Le Touquet. En un vídeo de la boda que se hizo viral durante la campaña presidencial de 2017, Macron dijo a los hijos de su esposa: «Quizás no seamos una pareja del todo normal, pero somos una pareja de verdad». Puede que esta afirmación resuma la esencia de su matrimonio con mayor exactitud que cualquier análisis político.
Aunque las circunstancias que rodearon su relación no siempre han sido sencillas, esa frase ha resistido bien el paso del tiempo. La diferencia de edad entre Macron y su esposa ha sido objeto de burlas, de comentarios que habrían resultado intolerables en cualquier otra situación y de rumores que, en ocasiones, alcanzaron niveles casi increíbles.

En 2021, Brigitte se vio obligada a desmentir públicamente una teoría conspirativa que afirmaba que era transgénero, y amenazó con emprender acciones legales contra quienes insistieran en difundir esa mentira. En enero de 2026, un tribunal de París declaró culpables a diez personas de acosarla cibernéticamente. Ese mismo año, en julio, la pareja demandó por difamación a la influencer estadounidense Candace Owens ante un tribunal de Delaware.
Resulta difícil ignorar que la edad de Brigitte Macron es un factor clave en el escrutinio al que se ve sometida. Probablemente no se escribirían artículos al respecto si las edades estuvieran invertidas: él tuviera 73 años y ella 48. Sin embargo, Brigitte ha afrontado este doble rasero durante décadas con una serenidad que ahora parece casi ensayada.
A pesar de que el gobierno insiste constantemente en que ella no ocupa ningún cargo oficial ni percibe un sueldo público, ha desempeñado un papel activo en el Palacio del Elíseo. «Es la mejor comunicadora de Emmanuel Macron», llegó a afirmar un experto en comunicación política. Asistió a todos los mítines de la primera campaña, revisando los discursos, y varios colaboradores del presidente han reconocido a lo largo de los años que su influencia es real. Algunos miembros del entorno presidencial consideraban esto un problema; no obstante, Macron nunca ha expresado deseo alguno de modificar esta dinámica.
Hace unos días, la pareja viajó a España con motivo de la primera visita oficial de Macron desde que asumió el cargo. Fueron recibidos con todos los honores en el Palacio Real por los reyes Felipe y Letizia. A sus setenta y tres años, Brigitte descendió del avión con su habitual aplomo. Él, a sus cuarenta y ocho años, caminó a su lado, tal como lo ha hecho durante casi dos décadas. La narrativa no cambia y sigue siendo singular.
