Durante años, la vida privada de algunos políticos permanece fuera del foco mediático. Isabel Díaz Ayuso no es una de ellos. La presidenta de la Comunidad de Madrid lleva casi una década bajo la mirada pública. A pesar de su firme defensa del derecho a la intimidad, la información sobre su vida sentimental ha persistido y resulta difícil de ignorar. El episodio más reciente de esta historia tuvo lugar en septiembre de 2026, cuando el periodista Federico Jiménez Losantos —quien mantiene una relación consolidada y de confianza con Ayuso— declaró en televisión: «Ahora vive sola».
Resulta útil examinar el pasado de Ayuso para comprender la situación actual de su vida sentimental. La presidenta estuvo casada con Sergio Hernández de la Torre, un empresario vinculado al mundo del golf, antes de que su nombre saltara a los titulares. Aunque contrajeron matrimonio en 2008, la unión apenas duró tres años. Dado que Ayuso aún no era una figura conocida y el asunto despertó poco interés, la noticia de la separación trascendió mucho más tarde, casi como una anécdota biográfica menor.
Posteriormente, mantuvo una relación con el estilista y consultor Jairo Alonso, desde 2016 hasta finales de 2020. Un momento particularmente recordado de aquella ruptura fueron las imágenes de Alonso practicando snowboard por el centro de Madrid durante la borrasca Filomena, justo cuando Ayuso recomendaba a la ciudadanía permanecer en casa. Más tarde se supo que la relación había terminado aquel mismo verano; para entonces, la presidenta ya no estaba con él.
Las primeras fotografías de Ayuso junto a Alberto González Amador aparecieron en mayo de 2021, tomadas en Ibiza. Nacido en 1975, él trabaja como técnico sanitario y consultor; está divorciado y tiene tres hijos. Con la cautela propia de quien siempre ha preferido mantener su vida privada al margen, la relación se fue confirmando gradualmente.
En octubre de ese mismo año, hicieron su primera aparición pública como pareja en una fiesta celebrada en la madrileña plaza de las Salesas. Los asistentes comentaron que Ayuso lucía espectacular a su llegada, mientras que él permaneció en un segundo plano durante toda la velada.
La relación que siguió se caracterizó tanto por la discreción como por la inestabilidad. En 2023 salió a la luz que la pareja había perdido un bebé a las ocho semanas de gestación; ninguno de los dos pretendía que ese momento íntimo se hiciera público. Más tarde, en 2024, Ayuso tuvo que gestionar el conflicto entre su vida personal y su cargo oficial —una situación obviamente incómoda— después de que González Amador se viera envuelto en una investigación fiscal que generó una gran polémica política.

El piso que compartían en el centro del barrio de Chamberí fue puesto a la venta por González Amador en julio de 2026 por 1.790.000 euros. Por su parte, Ayuso hizo público un nuevo contrato de alquiler firmado en julio. Son hechos concretos. Oficialmente, no implican una ruptura. Sin embargo, ninguno de ellos refleja la imagen de una pareja que continúa con su vida en común.
Ni Ayuso ni González Amador han emitido ningún comunicado. El círculo más cercano a la presidenta regional sostiene que la relación sigue firme. Bien podría ser así. También es posible que consideren que no deben explicaciones a nadie o que simplemente estén esperando el momento oportuno. Ayuso ha afirmado reiteradamente que es dueña de su vida privada y que no piensa cambiar de postura, a pesar del escrutinio público que conlleva su cargo.
Todo esto encierra una cierta ironía difícil de pasar por alto. Durante años, la presidenta —conocida por aquella frase de que «en Madrid puedes cambiar de pareja y no volver a cruzarte con ella nunca más»— ha sido el rostro más reconocible de la ciudad. Para ella, cambiar de pareja con discreción resulta una tarea mucho más complicada.
