Hay actores que llevan décadas en el oficio, pero cuyos nombres siguen siendo muy conocidos a pesar de que no está claro de dónde surgieron. Salva Reina ocupó ese terreno intermedio durante mucho tiempo: un tipo que aparecía de vez en cuando, un rostro familiar y una voz capaz de hacer reír. Entonces llegó El 47. Y todo cambió.
Aunque Salvador Reina Girona se siente malagueño de corazón, nació en Las Palmas de Gran Canaria el 9 de abril de 1978. Tras criarse en Málaga, cursó estudios de Ciencias de la Actividad Física en la Universidad de Granada. A los veinticuatro años empezó a trabajar como profesor de educación física en un colegio. Él mismo ha contado, en tono de broma, cómo su chándal hacía que otros profesores se preguntaran quién era su tutor. Esa anécdota refleja a la perfección la esencia de alguien que llegó a la actuación sin prisas y desde un ámbito totalmente distinto.
La decisión de pasar de la enseñanza a la comedia no fue algo impulsivo. Esa certeza se había ido gestando desde su adolescencia, cuando veía las finales del concurso del Falla en Canal Sur durante las noches de Carnaval y se preguntaba qué se sentiría al ponerse ante el público e intentar hacerles reír. Sus inicios en la actuación fueron en el teatro de calle, seguidos de papeles menores en la televisión local y, finalmente, una serie de Canal Sur titulada SOS Estudiantes, que le proporcionó trabajo continuo entre 2004 y 2008. Fue una carrera que se forjó poco a poco, a base de esfuerzo y del dominio del oficio, más que mediante éxitos repentinos y espectaculares.
Entre 2015 y 2019 interpretó a José —conocido también como «Jozé»— en Allí abajo, una de las series más populares de Antena 3. Fue allí donde consolidó su fama entre la audiencia televisiva española. El elenco principal se mantuvo unido durante cinco temporadas y 69 episodios. Es una cantidad considerable de tiempo en pantalla, lo que brinda a los espectadores la oportunidad de conocerte a fondo, casi sin que te des cuenta.
Sin embargo, en 2025 recibió el premio Goya al mejor actor de reparto por su interpretación de Felipín en la película El 47, de Marcel Barrena; un reconocimiento de esos que cambian el rumbo de una carrera. Alcanzar tal nivel de reconocimiento a casi cincuenta años de edad no es algo habitual para un actor. En otro contexto, esto podría interpretarse como una crítica a la tardanza con la que llegan ciertos hitos; en el caso de Reina, no obstante, habla más bien de la virtud de la paciencia.

Habla de su estado físico a los 48 años con la naturalidad de quien siempre se ha mantenido activo. En entrevistas, ha reconocido que, aunque experimenta «los achaques de la edad», considera que se encuentra en su mejor momento. Entrena casi todos los días de la semana, salvo dos jornadas de descanso. Su estrategia nace de la constancia de quien comprende la relación entre el movimiento y el bienestar general, más que de la obsesión por alcanzar un objetivo concreto. Se esfuerza por cuidar su alimentación sin permitir que esta acapare todo su tiempo. Poco alcohol. Sin extremos. Es una estrategia basada más en el hábito que en una disciplina férrea, razón por la cual probablemente resulta más sostenible a largo plazo.
Desde 2022 comparte su vida con la actriz Kira Miró. Ambos conectaron durante el rodaje de una producción y desde entonces han colaborado en varias películas, la más reciente de ellas Tres de España. Él describe su relación con una calidez que parece sincera, y no una pose para su imagen pública; afirma que se llevan bien, forman un equipo fantástico y les resulta fácil trabajar con alguien a quien conocen tan a fondo. Asegura que una secuencia de baile de la película acabó trasladándose a su vida real. Es difícil fingir un detalle así.
La trayectoria profesional de Salva Reina posee un carácter singularmente alentador. Antes de que llegara ese momento que la mayoría recuerda, hubo una larga carrera construida desde la base, que incluyó años de trabajo en series de televisión regionales y papeles secundarios. Esta es la historia de una persona de 48 años que quería ser payaso, lo intentó de verdad y acabó convirtiéndose exactamente en lo que deseaba: con un premio Goya en casa y un flujo constante de nuevos proyectos. No siempre sucede así. Esta vez, sí.



