Algunas historias de amor son difíciles de comprender. Entre ellas se encuentra la de Paz Padilla y Antonio Juan Vidal. Él tenía diecisiete años y ella catorce cuando se conocieron en la playa de Zahara de los Atunes. Se enamoraron. Durante catorce años compartieron aquel primer amor. Luego, la vida los separó abruptamente, como suele ocurrir a menudo. Ella se adentró en el mundo de la televisión; él se preparaba para oposiciones y se iniciaba en el ámbito jurídico. Con matrimonios, hijos y ciudades diferentes, cada uno construyó su propio mundo.
Ninguno de los dos podía saber que el destino aún no había cerrado aquel capítulo. Se reencontraron veinte años después. Y esta vez se aferraron el uno al otro. En esa misma playa de Zahara de los Atunes donde se conocieron siendo adolescentes, la pareja contrajo matrimonio en una ceremonia civil en octubre de 2016.

Ese detalle en particular dice mucho; no fue una coincidencia. Volver al principio para cerrar un gran círculo fue una decisión deliberada. Paz declaró entonces: «Me he casado con el hombre de mi vida y no voy a separarme nunca más de él». Lo dijo con una convicción totalmente creíble, viniendo de alguien que lleva décadas ante las cámaras y que sabe perfectamente cuándo sus palabras están siendo grabadas.
Antonio Juan Vidal trabajaba como funcionario y abogado para la Junta de Andalucía. Mientras Paz pasaba semanas en Madrid grabando programas como Got Talent y Sálvame, él trabajaba en Sevilla. Cualquier pareja con profesiones distintas percibiría de inmediato la distancia geográfica como un aspecto tangible de su vida cotidiana.
Sin embargo, lograban pasar tiempo juntos siempre que era posible, tal como ella misma recordó en numerosas ocasiones. Quizás valoraban aún más el tiempo compartido debido a esa separación intermitente. O tal vez eran simplemente dos personas conscientes de lo que tenían.
Todo cambió en 2019. A Antonio le diagnosticaron un tumor cerebral. Paz estuvo a su lado en todo momento. Le acompañó en cada etapa del tratamiento, gestionando cada aspecto con la energía que la caracteriza en pantalla pero que, en la intimidad, se transformaba en una ternura serena y profunda. Antonio Juan Vidal falleció el 18 de julio de 2020, apenas un año después, a los 53 años. Paz Padilla tuvo que asimilarlo.
Su madre, Lola, había fallecido unos meses antes, en febrero de 2020, lo que hizo que aquella etapa fuera aún más difícil. Dos pérdidas enormes en un mismo año. “No tenía ni idea de por quién sollozaba. Años más tarde, admitió con una honestidad espontánea y sin artificios: «Si lloraba por mi madre, por mi Antonio o por mí misma». Sin adornos, esa frase captura a la perfección aquella época. Ningún análisis puede igualarla.
El 18 de julio de 2026, sexto aniversario del fallecimiento de Antonio, Paz compartió un vídeo en Instagram con imágenes de su boda, sus viajes y los momentos cotidianos que pasó con él. El poema que incluyó decía: «Seremos aquello que ni siquiera el tiempo se atreve a borrar». Ese mismo día, rompió a llorar en directo durante su programa. No lo ocultó. No hizo ningún esfuerzo por disimularlo. Hay algo en esa decisión de mostrar el sufrimiento, en lugar de mantenerlo oculto, que llega a muchas personas de una manera que las declaraciones preparadas no logran.
Paz ha afirmado una y otra vez que su vida siguió adelante. Mantiene una relación con Fran Medina desde 2021. En septiembre de 2026 asistió a la boda de su hija Anna; la acompañó al altar y ocupó su lugar con una naturalidad que, dada su historia personal, trasciende lo meramente simbólico. Ese mismo mes publicó su libro, Alzar el duelo, en el que abordó el proceso de duelo tal como sus lectores llevaban tiempo deseando.
Al leer esta historia, es inevitable sentir que Paz Padilla habla del duelo con tanta claridad porque lo ha vivido en carne propia, sin atajos. Ningún aniversario podrá borrar jamás la huella de Antonio Juan Vidal, aquel discreto funcionario sevillano que se enamoró de una joven encantadora en una playa de Cádiz hace más de cuarenta años”.
