La meditación ha sido vista durante mucho

tiempo como una actividad exclusiva para adultos.

 

Pero… esta visión está empezando a cambiar.

 

Hoy por hoy cada vez son más las personas interesadas

en enseñar a meditar a sus hijos para ayudarles a relajarse,

 y sobre todo para que puedan aprender cómo conectar

con su propia fuente interna de calma.

 

Crearles el buen hábito de la meditación desde que son

pequeños, les facilitará relajarse y disminuir sus niveles de estrés

cuando sean grandes.

 

 

La meditación tiene muchos beneficios reales, que han sido

reconocidos por  investigaciones médicas.

 

Meditar algunos minutos diarios reduce el estrés

(si, ese “asesino silencioso” tan famoso ahora)

y fortalece las defensas del cuerpo. Pero, como todo, debes

hacerlo con gusto y no a la fuerza para que funcione.

 

AH- y si tú aún no haz experimentado los beneficios de la

meditación, no te preocupes que nunca es demasiado

tarde para empezar.

 

Lo mejor y más fácil es lograr el hábito; encontrar el tiempo

necesario, aunque sean 10 minutos diarios de meditación al

día y luego ir aumentando el tiempo poco a poco.

 

¿Te imaginas si te hubieran enseñado esta

práctica desde que eras un niño?

 

Seguramente ahora veríamos esta rutina simplemente como

una costumbre más, tal como lavarnos los dientes, bañarnos

o comer y esa es la idea.

 

Por eso, si tienes niños en casa, es un buen momento de

integrarlos al mundo de la meditación y crearles el hábito

de hacerlo diariamente durante unos minutos.

 

Ellos te lo agradecerán mucho cuando crezcan y tengan

que lidiar con los retos de la vida adulta ya que tendrán

una herramienta nueva y no caerán en problemas, patrones

destructivos o adicciones como mucha gente que

probablemente conoces.

 

Por eso,  te comparto los siguientes tips para enseñarle a tus hijos

a meditar y que lo amen:

 

1.Expectativa vs Realidad.

 

 

El primer paso es sacudir tus expectativas y dejarlas caer.

Los niños son inquietos por naturaleza y un niño de 5 años

no podrá estar más de 10 minutos meditando.

 

Así que no es bueno obligarlos (si de por sí ya es difícil

para algunos adultos estar relajados concentrándonos

en nuestra respiración cuando meditamos, imagínate como

sería para un niño).

 

El tiempo que pueda pasar el niño en actitud contemplativa está bien,

así sean solamente 2 minutos.

 

Tampoco esperes posturas perfectas, ten paciencia y haz que la experiencia

sea algo que los 2 disfruten, no quieres que sea una situación estresante

para tí ni mucho meno par a ti hijo.

 

2.Respira.

 

 

Lo primero que deben aprender tú y el niño es a: RESPIRAR.

Una buena forma de enseñarle a tu hijo puede ser:

acostarse cómodamente boca arriba, sin zapatos,

y colocando su juguete favorito sobre su abdomen. Luego,

pídele que inhale profundamente y que, al hacerlo,

empuje el juguete con el estómago.

 

(No olvides enseñarle primero tú  como debe ser el movimiento)

3. Disfruten de la experiencia.

 

 

Sentados cómodamente, pídele mantener la espalda recta;

si es necesario apóyense los dos sobre una pared.

 

Después pídele cerrar los ojos, respirar con el estómago e

imaginar cosas sencillas en cada inhalación y en cada exhalación.

 

Por ejemplo, pueden imaginar que al inhalar,

introducen flores a su cuerpo y al exhalar, liberan burbujas

de jabón; también pueden intentarlo con colores,

inhalan rojo y exhalan azul.

 

IMPORTANTE: No le hables de estrés, tensión

o ansiedad; esas son palabras que usamos los adultos

y que no pertenecen a la mente de un niño.

 

4.Practiquen diariamente.

 

 

Trata de mantener la práctica por lo menos 1 vez al día

durante un par de semanas.

 

Cuando tú y el niño estén más habituados pueden

comenzar a imaginar espacios: un campo lleno de flores,

una playa desierta y soleada, un cielo lleno de nubes donde

vuelan. Conforme avancen y disfruten su práctica, pueden

hacer cada uno su propia meditación y compartirla al final.

 

5. Compartan emociones y sensaciones.

 

 

Al terminar su meditación, abran los ojos muy

lentamente y compartan su experiencia durante

la meditación. Deja que te cuente cómo se sintió,

qué sensaciones tuvo, cuál fue su aprendizaje

y escucha con atención.

 

Te sorprenderá lo que puedes aprender de tu hijo.

 

Recuerda que la mejor manera de enseñar algo es

a través del ejemplo, así que si quieres enseñar a tus

hijos a meditar, tú eres la primer persona que debe

hacerlo con constancia y disciplina.

 

¡Espera! – Antes de despedirnos te tengo una sorpresa.

 

Aquí abajo te comparto un vídeo de meditación guiada

para que puedas empezar hoy mismo a practicar con tus niños:

 

 

Espero te haya gustado este artículo y quiero que

me dejes en los comentarios tus opiniones y me cuentes

cómo te fue meditando con tus hijos.

(Puntos extras si  mandan  fotos de cuando estén en la práctica).

 

¡Éxitos!

 

¿Ya nos sigues?

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